Una palabra vale más que mil imágenes

domingo 30 de agosto de 2009

Agua




Como un naúfrago a punto de morir de sed, María bebe otro trago de agua mientras se tira de los padrastros del pulgar. Un poco más y se hará sangre, pero no puede dejar de hacerlo. No desde que recibió la llamada del entrenador. El viejo señor Domingo, que años atrás había llevado a las Sirenas del Caribe al primer puesto del campeonato local de natación. Pero desde que se casó con Mario, María no entró en contacto con más agua que la del grifo.

Ya no queda nada de sus piernas musculosas ni de sus brazos de nadadora Ya no queda nada de ella excepto él. Ya no es ella y el agua, es él y las crisis de ansiedad, él y los atracones nocturnos, él y la mujer gorda e inútil en que la ha convertido, él y los golpes. Cada vez más golpes. Mario, María y los golpes. Hoy, la función empezaría cuando le hablara de la llamada del entrenador.

Las palabras del señor Domingo aún retumban en la cabeza mojada de María. Le ha prometido una piscina de 25 metros de largo y un montón de alumnas. Sigues siendo una sirena y nosotros no lo hemos olvidado. Quiero que te encargues de la nueva promoción de las Sirenas. Eres la persona idónea, había dicho. Idónea, se repite ella una y otra vez. Y es que hace mucho tiempo que María no es la más idónea para nada.

Aún faltan unos minutos para que Mario vuelva a casa. María tiene el pulgar manchado de sangre, pero sigue tirando. No entiende por qué su estómago pesado y dolorido le pide más comida cuando los labios aún le saben a chocolate 100% cacao y Tortitas Come Sano. María respira profundamente. Al otro lado de la casa la cadena de música repite la canción de todos los días.

Sigue recto, hay un desvío. Tómalo hasta el final.
Si hemos hecho algo mal, amor, verás una señal.


María tararea entre dientes mientras su vista va de la puerta de la calle al teléfono inalámbrico. Sonríe ligera y nerviosa, mientras se dirige a la cocina. Solo necesita pensar en agua y escuchar su nana para recuperar el control. Solo entonces será capaz de tocarse las manos y esperar a la hora de la cena. Solo hasta que él llegue. Cierra los ojos y piensa en el agua, en el desvío. A través del ruido de las olas, el recuerdo de la llamada telefónica se mezcla con la voz tenue y grave de la canción.

Hay días en que valdría más no salir de la cama.
En solo un minuto vi mi vida cambiar.

Se moja los dedos mientras imagina el deslizar suave de la ducha sobre su piel. Intuye el movimiento sereno del agua a través de las tuberías, el tacto frío de la botella de plástico que guarda en la nevera. A veces, aguza el oído desde el desvío y siente que las burbujas del vaso que descansa en el aparador suben hasta la superficie. Y solo entonces, el desvío la lleva de vuelta al pasado y recuerda que hace solo unos pocos años, las sirenas ganaron la competición de largos, que la noche de la celebración ese chico de ojos miel y manos bonitas le propuso algo. Lo malo es que le puso condiciones y la llevó lejos de allí. Y lo peor es que ella aceptó con una sonrisa bobalicona en los labios.

Que solo era un juego te escuche, y volvimos a casa.
Si solo era un juego, pregunté, ¿dónde está la gracia?

Al cabo de unos meses empezó a echar de menos el envolver suave del agua, el contacto salado del mar en su boca, incluso las arrugas que le salían en los dedos cuando pasaba demasiado tiempo debajo. Extrañaba hasta el cloro que irritaba sus ojos en la piscina.

María no volvió a sonreír. Y las manos de Mario dejaron de ser bonitas para convertirse en un monstruo que se estrellaba contra su cara y lo volvía todo negro y morado. Dónde antes había agua ahora había solo negro. Y no quedaba más líquido que el que inundaba las cañerías o hervía en la placa de vitrocerámica.

Respira profundamente y huele a lluvia. Siempre intuye la tormenta horas antes de que lo inunde todo. Cierra los ojos y canturrea. La última estrofa está por llegar, aunque nunca logra recordarla entera.

Nos fuimos mar adentro, hasta dónde nadie alcanzaba a ver.
Con el agua al cuello, me volví te miré, y tú dijiste.
Te podría matar, y no se iba a enterar a nadie.
Cuando me pregunten yo diré que no llegaste nunca.

Y es que los dos últimos versos de la canción siempre la traen de vuelta a la realidad. Es cierto, ni el desvío más grande ni la lluvia más intensa podrán protegerla de él el día que se le vaya la mano más de la cuenta. Cuando menos te lo esperes. Con el agua al cuello, se estremece. No se iba a enterar nadie. Pero hasta que llegue ese momento, María se consuela abriendo la llave del grifo al máximo para desviarse. Al cabo de unos segundos, ya no escucha más que la presión del chorro blanco cayendo en la pila. Intenta retener los versos, pero su mente ya no los recuerda. El agua lava los canales de su cerebro y lo limpia todo.

Un portazo la saca del desvío y la coloca de un plumazo en tierra firme. Ya falta poco para la tormenta, se dice, habrá sido un rayo. María se roza los pulgares, sabe que no es la lluvia la que llama a su puerta, pero cree que si lo repite muchas veces igual se cumple.

- ¿Otra vez te has dejado abierto el grifo de la cocina? Se escucha el ruido desde la calle- Primero viene el relámpago. Los gritos de Mario devoran el último estribillo de la canción de María, que tararea pegada al fregadero.

Y todo el camino aquella extraña canción. Para ra Pa Pa.

María pega la oreja al chorro de agua y no contesta. Para ra Pa Pa. Gira la cabeza y su mirada ávida se topa con el paquete de Tortitas Come Sano.

- ¿Me has oído, jodida loca? ¡He dicho que cierres el grifo!

¡Ahora vienen los truenos. María cierra el grifo, si no será peor, pero no contesta. Sigue cantando entre dientes. Para ra Pa Pa. Mario se para delante de la puerta de la cocina. Para ra...

- ¿Es que no me estás oyendo?

Los ojos de María se refugian en el paquete de Tortitas Come Sano pero la voz del entrenador se cuela en sus pensamientos. Quieren que les entrenes tú. Quince sirenitas, la reina del mar y 25 metros de largo de agua. Poco a poco levanta la mirada, llena un vaso con agua del grifo y empieza a sorberlo lentamente.

- Es que estoy muy nerviosa hoy. ¿Te acuerdas del señor Domingo? ¿De mi entrenador? Me llamó esta mañana. Quería contarme que va a formar un nuevo equipo.

La voz de María suena cada vez más baja, se convierte en un susurro, apenas un tarareo. Los ojos miel la miran fríos mientras sus palabras se apagan. Las manos bonitas parecen cada vez más grandes.

- Y tú le habrás contado que ya no vives allí, ¿no?

- Iba a explicárselo. Quiero decir que se lo expliqué. Todo. Le hablé de nosotros, de ti. Sabe que he dejado de nadar.- María apura el vaso. El agua tensa las fibras de su cuerpo, pero no aparta la vista de los ojos de Mario.

Si, cariño, pero no te preocupes que no le conté todo, se dice. Se me olvidó decirle que me pegas por las noches cuando has tenido un mal día, que no me cortas el agua porque la necesitas para ducharte por las mañanas, que me lo has quitado todo menos el jodido reproductor de CD’s.

Mario da un paso al frente con las manos mirando a María. En un abrir y cerrar de ojos los monstruos la aprisionan, uno acaricia su pelo, el otro la sujeta por la cintura como si quisiera abrazarla, pero solo consigue quitarle el aire.

- Ese pájaro ha intentado meterte ideas raras en la cabeza, ¿eh?

- No lo entiendes, estuvimos hablando de los viejos tiempos, del equipo, del agua.

- No pasa nada. En un par de días se te habrá olvidado todo y volverás a ser la de siempre.

- De eso se trata... Dijo que quería que volviera a ser la de antes. Quiere que entrene a las nuevas Sirenas.

El gigante que tiene en el pelo ya no se desliza sigiloso, ahora sujeta su cabeza, la aprieta firme contra su hombro.

- Ya, y estás disgustada porque luego se cabreó contigo.

- ¿Por qué iba a cabrearse?- la voz de María vuelve a bajar. El vaso de cristal tintinea tembloroso entre sus dedos. Ya no le queda agua. Estira el brazo y lo coloca a tientas sobre el aparador.

- Sí, ¿qué te dijo el viejo cuando le dijiste que no?

Una gota de agua golpea en la ventana, luego otra y otra. En un instante, la tormenta entera se concentra entre las cuatro paredes de la cocina, Mario, María, el agua y los monstruos.

- Sabía que hoy iba a jarrear.- le dice a la solapa de la chaqueta de Mario.

- Te estoy hablando.

La lluvia repiquetea fuerte mientras María intenta librarse del gigante para encontrarse con la mirada de Mario. El tarareo también repiquetea en su cabeza. Para ra Pa Pa. Piensa en el grifo cerrado del fregadero, en el goteo de la ducha. Sigue recto, hay un desvío. Pero a pesar de la tormenta, le resulta imposible desviarse.

- Le dije que sí.

La tormenta se agita dentro y fuera de la casa. El sudor se cuela entre los dedos de Mario. La saliva se desliza por la comisura de sus labios cuando ríe con los dientes apretados y reprime una carcajada salvaje. El monstruo se vuelve húmedo, resbaladizo. Aprieta a María con sus tentáculos. Ya no la dejará escapar.

- Dijiste que no, cariño.

María quiere mirarle, intenta hablar, pero abre la boca y su lengua se topa con el tacto seco de la chaqueta de Mario. Dije que sí, se repite. Dije que sí. De pronto, el monstruo la libera. Los ojos miel la miran a los ojos.

- Dirás que no.- La boca mojada de Mario chorrea hasta la barbilla. Sonríe como la calma que precede a la tormenta.

- No lo entiendes, cariño. Es lo que necesitábamos, dejarnos llevar por la corriente. Nos iremos lejos. Los dos. Y todo volverá a ser como al principio.

- Dirás que no.- Mario casi está tarareando. - Dirás que no, dirás que no, jodida loca, olvídate de las putas ballenas del Caribe.- Se ríe al ritmo de la lluvia mientras canta. Se carcajea con las manos en la tripa, como si fuera a desparramarse por el aparador.– Yo mismo llamaré al viejo para contárselo mañana mismo. Le diré que estás gorda de chocolate y te hundirías en el agua.

- Le dije que sí.- susurra María, que recoge el vaso del aparador y contempla el espectáculo a través de él. La figura de Mario se vuelve deforme desde del cristal. El monstruo se levanta guiado por el recorrido de sus manos, cada vez más cerca, cada vez más grandes. Hasta que María siente un dolor agudo en la cara y todo se vuelve negro. Su nariz está sangrando, pero sigue en pie. Y todavía sujeta el vaso entre sus dedos.

- ¡Le dije que sí!- grita a los cuatro vientos, aúlla más alto que la lluvia. - ¡Le dije que sí!- brama mirando a los ojos del monstruo. Cada vez son más pequeñas. No como las de María, que se hacen grandes a través del cristal. Después se estrellan en la frente del monstruo y todo se vuelve negro para él.

Se sienta en el suelo, junto a su marido, se limpia la cara y grita más alto que la tormenta. Le aparta un mechón de la frente y se topa con la mirada vidriosa de los ojos miel. Ya no la ven, están inconscientes, pero aún respiran. María le palpa la herida con sus dedos. Ya no huelen a chocolate, no saben amargos. Ahora están húmedos, pegajosos, más salados que el agua del mar.

Agua. Eso es lo que necesito, se dice. Agua en todas sus formas. Agua y lo poco que quedara de sus brazos de nadadora. Confiamos en ti, repite el entrenador Domingo en su cabeza. Lo que bien se aprende, nunca se olvida. Él sí que nunca la traicionaría, se lo había prometido. Iba a devolverla al agua. Le había dado su palabra y ella había dicho que sí. Había dicho que sí. Por eso, mientras un escalofrío de excitación recorre su espalda, vuelve a encender el reproductor de CD’s.

Es la hora del desvío y, esta vez, lo necesita más que nunca. Por eso, aprieta los dientes y agarra a Mario por las axilas con sus músculos blandos. Y con sus brazos de sirena le arrastra cuidadosa, casi cariñosa. No vaya a ser que se despierte. Primero hasta el cuarto de baño y luego hasta la bañera.

Aún queda espacio entre las piernas de Mario para colocar el tapón en el desagüe. Después, abre el grifo. Poco a poco la sangre que mana de la sien de Mario se diluye con el agua. El grifo escupe cada vez con más presión. Pronto cubrirá más. Al final, solo quedará agua.

Mar adentro, y con el agua al cuello. Te miré y tú dijiste...

Vuelve a canturrear antes de salir por la puerta. Aún le queda tiempo para arrojar la tableta de chocolate y el paquete de tortitas a la bañera. Y, mientras las onzas se funden y la pasta de arroz se deshace, abre al máximo el grifo del lavabo, se aclara las manos, y hace lo propio con la llave del fregadero, el lavaplatos, la lavadora...

Fuera, las ultimas gotas de la tormenta caen al suelo. Para ra Pa Pa, tararean.


SOBRE ESTE RELATO:


  • ¡¡Dios mío, hay un muerto en mi blog!! Pero esta vez no he sido yo, se lo ha cargado Nacho Vegas en estos Días Extraños. Si alguien es responsable de este cadáver, son los versos del autor intelectual de este asesinato, así que habrá que agradecerle la deuda, ¿no?
  • Y, hablando de reconocer deudas, otra vez he vuelto a intentar hacer el retrato psicológico de esta buena mujer (porque yo estoy convencida de que es buena, con la misma inocencia de un niño que mata un bicho en el parque) como lo hace Stephen King: a través de un detalle significativo (en este caso el vaso de agua) y una metáfora producto de la mente descontrolada (el desvío). Está vez, ha sido El retrato de Rose Madder.
  • Por cierto, que las cursivas son una técnica muy efectiva para enfatizar. Me pregunto si no será trampa utilizarlas...
  • Escribir a partir de una canción puede ser un gran desbloqueo. Aunque la verdad es que en mi caso fue al revés, estaba escuchando El tiempo de las cerezas cuando la imagen de esta nadadora ahogando a su marido en la bañera se coló en mi cabeza.
  • Ánimo, María, que pronto te pondrás en forma y serás una sirena otra vez. Nada mejor que cargarse a un tal Mario para reencontrarse a una misma y retomar los hábitos que nos hacían felices. Dentro de unos meses, la muerte de ese capullo será solo una sombra borrosa en tu mente, “un misterio incluso para ti”.
  • Completamente solo, bajo un sol abrasador, grité al perderlo todo y no reconocí mi propia voz. Mi voz.
  • ¡Mi reino por una coca-cola light! Callejear por el casco antiguo de este pueblo le daría sed a cualquiera. Y eso que aquí hay poco más que agua, agua por todas partes. La de las piscis del edificio de San Antonio, la del mar, la de las mangueras con las que se ducha la gente para ahorrarse el baño... En fin, agua de toda clase de tipos, a excepción de la que va buscando uno.
  • Será gracias a las clases que ahora me atiza la necesidad de escribir, no de “hacer deberes”. Ya se acerca el mes de octubre. Me sigue tentando apuntarme al curso de Relato Fantástico, pero temo que acote demasiado poder escribir solo textos fantásticos. Pero no niego que es un reto y que me tienta cada vez más. Lo que sí que tengo claro, es que voy a partir de ahora voy a escribir textos de este género para practicar. Ya tengo dos ideas, dos imágenes pero aún no sé cómo las voy a enfocar.
  • En la imagen, el agua del puerto de Barcelona. Me hizo gracia porque unos peces pasaron nadando por allí en ese momento, pero en la foto no se aprecia.

9 comentarios:

LCS dijo...

Bien!!!!

Comentarios!!!!!!!!!!

Y casi tan largos como el relato.

Me ha gustado Arancha. Te estás superando a tí misma. Supongo que será por la confianza de verte ya como premiada.

Hablas en los comentarios de describir a alguien a través de un detalle significativo como hace Stephen King. ¡Si te oyera la doña profesora! Esa técnica se llama correlato objetivo. Revisa bien el temario que por algún lado tiene que venir.

Muchos besos

LCS dijo...

Por cierto, lo de Para ra papa, me suena a la musiquilla del anuncio de Mac Donalds

Kermit dijo...

Está muy bien, aunque yo creo que podría ir más rápido (ya sabes que yo me embalo mucho en los relatos).En fin, a ver qué hacemos a partir de octubre. Mi obra empieza a marchar, aunque ya veremos si no se me embarranca.

Esperanza dijo...

Joder, quñe bien te ha sentado el verano, me ha encantado el relato. ¡Y todo ese montón de comentarios!

Entrespinos dijo...

SOBRE LCS:

Perdona que te corrija, pero lo de McDonalds sería más bien Para Pa Pa Pa :D Y mi canción es muuucho más bonita.

¿Correlato objetivo? Creo que es la primera vez que lo oigo... Definitivamente, el día menos pensado me echan de la escuela...

Jo, creo que echaba de menos los comentarios casi tanto como los relatos.

Entrespinos dijo...

SOBRE KERMIT

Pues yo también creo que es un poco largo (en word ocupa cuatro folios y medio) pero es que ya sabéis que yo me emociono y cuando cojo carrerilla la pillo de verdad :D. (En otras palabras, que ese día estaba aburrida como una ostra y no tenía mucho más que hacer...)

Mucho ánimo con lo de la obra, ya nos irás contando. Debe ser super chungo escribir un guión, ¿no? El oro era genial

Entrespinos dijo...

SOBRE TIKI

¡Muchas gracias! Me alegro de que e guste, yo le he cogido mucho cariño a este relato

Por cierto, me ha encantando la foto que le has puesto al último post del blog, la de 'Y sin embargo...' Es super colorida y sales guay :D

LCS dijo...

"La única manera de expresar la emoción en forma de arte es encontrando un "correlato objetivo"; dicho de otro modo, un grupo de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos que habrán de ser la fórmula de esa emoción concreta; de modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensorial, se den, se evoque inmediatemente la emoción (...) La inevitabilidad artística radica en esta adecuación completa de lo externo a la emoción"

T. S. Eliot

Esperanza dijo...

Y yo voy a seguir tu ejemplo de relatar con canciones ;)
La foto es de Pisa!