Una palabra vale más que mil imágenes

domingo 30 de agosto de 2009

Retazos II: Piedras



El hombre mira a su alrededor pero no encuentra a nadie. Ha buscado por todas partes, pero al final solo han quedado la piedra, la cuerda y él. Bueno, también está el puente, que le aguarda al otro lado de la calle y, al fondo, el río. Y, tras ellos, la nada, o eso espera. El hombre ahoga una lágrima esquiva. Se pregunta por qué lo hace. Si nadie puede verle, ¿qué importa que se deslice silenciosa hasta escurrirse por su barbilla? Agarra la cuerda y la convierte en soga. Pero, por más que se esfuerza, ya no recuerda dónde o cuándo aprendió a hacer nudos corredizos.

Camina silencioso y, silencioso, se despide de las calles, las esquinas y de esas farolas que ya nadie arreglaría jamás, por lo menos para él. Gira la cabeza en cada rincón oscuro esperanzado, o quizás temeroso, de toparse con otra cara. Pero allí no hay nadie. Y, al final, las mariposas que revolotean en su tripa cuando intuye algún sonido también se van. En el último cruce se yergue el puente, salpicado de frío y suciedad. Tal y como otros lo vieron antes de besar el agua, tal y como el hombre lo había visto por última vez, cuando se coló en el vacío de su cabeza y se hizo un hueco para quedarse. Y, así, un día tras otro, allí estaba el puente, la única salida entre sueños y vigilias, noches despejadas y mañanas de niebla.

Ahora le miraba por última vez con ojos acuosos y cuencas de piedra. La que lleva en sus manos pronto será una más del fondo. Pesa tanto que tiene los antebrazos doloridos y arañazos en la piel. No por mucho tiempo, se dice, ahora el agua lo curará todo. Con un suspiro coloca la piedra en el suelo y la ata al otro extremo de la cuerda. La soga ya está en su cuello, lista para hundirse en el río.

Cuando alza la vista distingue un bulto oscuro a unos cuantos metros. El hombre ahoga otra lágrima justo cuando pensaba que nunca lo iba a volver a hacer. Es una lágrima de risa, y eso que estaba seguro de que nunca más reiría. La figura oscura es otra piedra, una losa ligeramente más pequeña que la suya. Y la rodea una cuerda que termina en el cuello de una mujer.

Las dos piedras descansan en el suelo. Las sogas parece que se aflojan. El hombre y la mujer se miran. La lágrima de él provoca la sonrisa de ella. De un momento a otro parece que estallarán en una carcajada. Mientras, el puente les contempla reflexivo, con aguas mansas y oscuras.


SOBRE ESTOS OTROS RETAZOS:

  • ¡Todo Cullera está lleno de medusas!
  • Nunca pensé que estos retazos vieran la luz en el mes de agosto. Nunca escribo en estos periodos vacacionales en los que tengo que pasar las 24 horas del día (esto incluye las de cansancio, sueño e insomnio) con Ale Pero este año ha sido distinto, estas han sido las primeras vacaciones familiares de más de dos semanas que he pasado en diez años. Y, ya se sabe, cuando el tedio condena, la imaginación ordena.
  • La culpa de esto la tiene un cuadernito naranja del conejito Miffy que compré en un chino de por aquí (“por aquí es Cullera, aunque cuando suba estos textos al blog ya estaré en Madrid. Es que desde el Ciber de aquí me resultó imposible). Y, así, también por primera vez en diez años, volví a escribir a mano. Y, creo que lo echaba de menos.
  • Es curioso que Miffy haya sido más inspirador que la libreta de cuero curtido que me regaló Jorge hace años. Será porque en esas páginas puedo divagar y tachar a mi antojo.
  • Nunca escribiré un texto lo bastante bueno (o que me guste lo suficiente) como para quedarse a vivir en la agenda de cuero, así que ya he decidido lo que haré con ella: a partir de ahora la utilizaré para apuntar los libros que voy leyendo con su fecha correspondiente.
  • Curiosa, esta historia. Se me ocurrió viendo un capítulo de Los Simpson en el que ya no me acuerdo qué pasaba. El final salió así. Defiende que el ser humano no está hecho para vivir en soledad.

2 comentarios:

LCS dijo...

Bueno, esta historia te puede servir como final de un relato o quizá como principio, pero creo que tienes que depurarla un poco.

Me parece que ya lo hablamos una vez. Yo también tengo un cuaderno con tapas de cuero, un moleskine y soy incapaz de escribir nada en él.

Todo el mundo te lo regala con ilusión y luego no sirve para nada.

Entrespinos dijo...

Si es verdad, me acuerdo del famoso Moleskine, podemos juntarlos a ver si se hacen amigos, por yo, lo que es preferir, sigo prefiriendo a mi colega Miffy, todo un clásico.

Supongo que sí, podría depurarlo y profundizar en los personajes porque ahora los veo como las siluetas del niño y la niña que hay en la puerta de los cuartos de baño. Así, pero cogidos de la mano, no uno frente al otro.