Una palabra vale más que mil imágenes

domingo 30 de agosto de 2009

Retazos



I

Otra vez el chillido metálico del teléfono. Mortimer se revuelve entre las sábanas una mañana más. Y, una mañana más, se dice a sí mismo que debería haber llamado primero. Si no, el alarido nunca se callará. Y la voz aguda de Úrsula, tampoco.

- ¿Otra vez es el contestador el que paga los platos rotos? ¿Dónde te has metido, Mort? Ayer te estuve llamando toda la tarde. Y no me digas que no lo sabes porque has tenido que ver las perdidas en el móvil. Te doy hasta esta tarde, ¿te enteras? Te juro por mi madre que si no me devuelves la llamada no me vuelves a ver.

Mortimer se frota los ojos. Aún tiene legañas cuando agarra su extremo de la sábana y se da la vuelta para seguir durmiendo. Tengo que llamarla, reflexiona antes de que todo se vuelva negro de nuevo.

II

El auricular vuelve a temblar desde la mesilla mientras el sol brilla un poco más alto y se cuela en el somier. Mortimer se agita. Otra vez la misma canción, y justo cuando había recuperado el sueño. Úrsula chilla más y más alto.

- Mort, sé que estás ahí. Coge el teléfono o voy para allá. ¿Te crees que soy idiota? Sé un hombre y dime a la cara lo que tengas que decirme. Cobarde. Si no recuerdo mal, eras tú el que decía que teníamos algo, que a partir de ahora iríamos en serio.

Cobarde. Es la primera vez que una chica le llama cobarde. Cobarde, resuena en sus oídos. Pero el sol le deslumbra y cierra los ojos para esquivarlo.


III

Un minuto o tres días después el reflejo de la luz persiste en la ventana y la voz- despertador de Úrsula atrona de nuevo.

- ¿Sigues ahí? No, si encima te habrá pasado algo. No me extrañaría, con la cabeza loca que tienes. Me importa un comino lo que sea. El ultimátum sigue en pie. O me llamas hoy o no me vuelves a ver. Y, así de paso, me aseguro de que estás bien. Que no te lo mereces, cabrón, pero si no me preocupo yo por ti no lo va a hacer ninguna de esas, por mucho que te creas.

Mortimer respira profundamente, bosteza y estira el brazo para toparse con algo entre las sábanas.


IV

Hora de levantarse. Mort se retuerce por última vez. Desenvuelve la sábana de su rodilla sudorosa. Sus dedos buscan el recorrido de la espalda que duerme a su lado, sus cabellos enredados, su piel perfumada. Su cabeza busca la llamada de Úrsula. Ya falta poco. Sabe cuál es el siguiente paso. Pronto el teléfono volverá a sonar. Cuatro tonos y un despertador demasiado ocupado. Deje su mensaje después de oír la señal.

- Mort, me estoy empezando a preocupar en serio. El día menos pensado te va a pasar algo. Y ya vendrás llorando, ya, esperando que recoja lo poco que quede de ti. Si es que, en el fondo, sabes que soy la única que está ahí, la que de verdad te... Necesito comprobar que todo va bien. Llámame, ¿vale? Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.

Otra vez el pitido después de colgar y luego el silencio. Mort se frota los ojos con la mano que le queda libre. La otra se funde con el cuerpo suave que duerme a su lado. Se despereza tranquilo. Sabe que puede contar con Úrsula, que es la única que siempre estará ahí porque nunca le mentiría. Ella no. No es como las demás, por eso nunca dará el siguiente paso. Nunca se atrevería a presentarse allí, a llamar a su puerta. Al fin y al cabo, le conoce mejor que nadie, por eso soportaría ver la realidad con sus propios ojos. El teléfono vuelve a sonar cuando Mort abre el grifo de la ducha. Ya ni lo escucha.


SOBRE ESTOS RETAZOS:

  • Este es un intento de relato secuencial. Sí, ese aquel que quedó pendiente antes de mis tediosas vacaciones en Cullera (pueblo en el que, por cierto, solo hay una librería con cuatro libros y tres revistas).
  • Es una historia de desamor por parte de él y auto tortura por parte de ella. Se basa en la premisa de que ‘Ojos que no ven, corazón que no siente’. La cabeza nos juega malas pasadas a veces y se niega a procesar aquello que cree que no podemos soportar.
  • Este personaje que nos cae tan “bien” (y, nunca mejor dicho lo de “personaje”) debe su nombre a tres personajes literarios. En primer lugar a Mort Rainey, protagonista de “Ventana secreta. Secreto jardín”, una novela corta de Stephen King que me leí estos días. Es la historia de un escritor que pasa de ser víctima y verdugo en un segundo y escoge los nombres de sus personajes y lugares con la misma técnica que yo (a mí me da muy malos resultados porque la gente suele ofenderse cuando utilizas su nombre). Los otros tocayos de mi Mortimer son el propio “Mort”, personificación suplente de la muerte para Terry Pratchett, y el Mortimer de “Corazón de tinta”, una peli estupenda que vi ayer (26/08/09).

4 comentarios:

LCS dijo...

Yo también he estado escribiendo un relato secuencial. He intentado que sea más largo de lo habitual, pero me fui quedando sin gas. De pronto sentí como dejaba de interesarme la historia.

La tengo por ahí guardada, en un rincón del disco duro. Quizá esos retazos me sirvan en un futuro para algo.

Entrespinos dijo...

Siempre vienen bien estas cosillas, ya sea a modo terapéutico o como ejercicio de desbloqueo.

LCS, LCS... y yo pensando ¿quién es LCS? Creía que era Laura, nuestra Laura, que además de Lalara Lara Larita creo que se apellida Carrasco.

Entrespinos dijo...

Luego ya me pispé de las siglas, me leí el relato del androide y mi mente se abrió :D

LCS dijo...

Lo de LCS, aparte de por la siglas de Los Cuadernos Secretos, viene porque me he registrado así en la página de www.ociozero.com, que por cierto, te recomiendo.